Centro F.P. Donibane

Pamplona

septiembre 2016

El ascensor, como pieza estrella, forma parte de un proyecto bastante más amplio: la reestructuración global y de mejora de la accesibilidad de un centro de Formación Profesional de Madera y Electrónica, perteneciente al Departamento de Educación del Gobierno de Navarra.

La decisión arquitectónica más importante fue la de situar el ascensor en medio del vestíbulo principal del centro. Cuestión a priori complicada, pues se invadía un espacio importante de relación para los usuarios del edificio. Además, dicho ascensor se colocaría bajo un gran lucernario ya existente.

Entendimos la necesidad de emplazar así el ascensor como una oportunidad didáctica y de mejora del espacio del vestíbulo. Ese fue el objetivo: mostrar el funcionamiento de un ascensor y aportar cierta alegría a un vestíbulo algo tristón por la austeridad de su decoración.

El proyecto se concibe como un objeto de estructura metálica que ha invadido el espacio para quedarse. Cariñosamente bautizado por nosotros como el “bicho amarillo”. El amarillo impacta al entrar, despierta a los alumnos más perezosos y llena de luz y energía el ambiente de la escuela.

El objeto lo conforman dos piezas, el ascensor vertical y la pasarela horizontal, que se apoyan en lo preexistente de una forma sutil. El cuerpo por el cual sube y baja el ascensor deja ver el movimiento de todos los mecanismos del aparato. Estructuralmente está formado por perfiles tubulares unidos entre sí mediante distanciadores también redondos.

Cada llamada al ascensor se convierte en una oportunidad de aprendizaje y de espectáculo. El movimiento del ascensor es el reflejo del dinamismo del vestíbulo, lugar de paso, de relación y de descanso. Es en el banco que rodea al ascensor donde ahora se reúnen los alumnos para almorzar. Donde gritan, ríen y disfrutan. El “bicho amarillo” se ha convertido en un amigo que les acompañará hasta el final de sus estudios.