Blog  Clásicos de arquitectura

Ático Beistegui, 1930

02 Nov 2014

Hasta la fecha no hemos publicado ningún proyecto del gran maestro Le Corbusier en nuestra sección de “Clásicos de Arquitectura”. Hoy es el día. No queríamos mostrar las obras más conocidas del arquitecto suizo, como son la Ville Saboye, la Casa Stein o la Casa La Roche-Jeanneret…puesto que aparecen constantemente en blogs de arquitectura, magazines u otros medios. En cambio, hemos optado por presentar un proyecto mucho más curioso, una obra compleja y difícil de explicar, pero cuyas fotografías son sorprendentes por la carga artística que ostentan.

Hablamos del “Ático Beistegui”, un apartamento que Le Corbusier edificó en 1930 para el excéntrico multimillonario de origen vasco-mejicano, Carlos de Beistegui y de Yturbe. Nuestro arquitecto convirtió esta casa en un auténtico juego surrealista: la propia casa era un objeto blanco y extraño colocado tal cual sobre un edificio clásico del París decimonónico, situado exactamente frente a los campos elíseos. En el interior y en el jardín todo se torna misterioso, surgen la intriga, las alusiones y las ironías. Numerosos objetos inconexos, algunos totalmente modernos y otros arcaicos, se mezclan como si fueran “objets trouvés” dadaistas: la escalera de caracol interior, los muebles barrocos, las sillas metálicas, una chimenea falsa, los setos recortados con formas voluptuosas, etc. Incluso los elementos del paisaje parisino, como son la Torre Eiffel o el Arc de Triomphe, entran a formar parte de esta relación ambigua de objetos, gracias al modo en que el arquitecto manipula las vistas o huecos desde el interior de la casa y en el jardín. Cambios de altura, escaleras, terrazas exteriores y otros juegos espaciales completan la operación arquitectónica.

Le Corbusier demostró en esta obra que la modernidad arquitectónica entonces no sólo consistía en ventanas horizontales, cubos blancos y pilotis…el arquitecto podía -o debía- también recurrir a otros ingredientes mucho más sugerentes como son el misterio o la ambigüedad. Ahora bien, para una casa como ésta el arquitecto requiere un cliente sumamente receptivo y activo, casi excéntrico. ¿Podríais vivir en una casa que parece tomada de un cuadro de Dalí o de una obra de Magritte?