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MLMR visita la villa Rotonda

24 Ago 2016

Viajamos a menudo para estudiar obras de grandes maestros de la arquitectura, que nos inspiran y nos ayudan a seguir aprendiendo día a día. Somos devotos de la arquitectura moderna, aquella que genios como Le Corbusier, Louis Kahn, Mies van der Rohe o Frank Lloyd Wright, Alvar Aalto hicieron en la primera mitad del siglo XX; o aquella que otras figuras como John Lautner, Marcel Breuer, Craig Ellwood, Eero Saarinen hicieron en la segunda mitad del mismo siglo. Todos ellos han aparecido asiduamente en nuestro blog.

Sin embargo, somos conscientes de que, de vez en cuando, es necesario echar la vista todavía más atrás, para buscar lecciones de arquitectura en obras de otros tiempos. Con esta intención, aprovechamos un viaje de verano para visitar la que es, quizá, la obra más célebre del renacimiento; al menos en lo que a arquitectura residencial se refiere: la villa Rotonda del gran arquitecto Andrea Palladio.

Esta villa, diseñada como casa de veraneo para el sacerdote y conde Paolo Almerico, fue edificada en 1566 y se encuentra en los alrededores de Vincenza, región de Veneto, Italia.

Son muchas las lecciones que un arquitecto contemporáneo puede sonsacar de esta genial pieza de arquitectura: obviando los aspectos más “decorativos”, que obviamente pertenecen a otra época, la casa es una obra maestra. Por ejemplo, resulta extraordinario el modo en que la villa se posa, dominante, en la colina de una gran parcela. Más aun, es prodigiosa  la exactitud matemática con que se relacionan sus todas sus proporciones y todas sus formas. No hay un solo elemento de la casa que no guarde una relación matemática en sus medidas con el conjunto de la obra. Además, el mismo rigor, tan exquisito, se encuentra presente en la elección de todos los   materiales y en el modo en que están construidos todos sus muros, columnas y cubiertas. Incluso la forma en que se configura el acceso a la vivienda, a través de una preciosa escalinata y de un pórtico perfecto que, pese a sus  fuertes  columnas, se antoja muy ligero, constituye toda una reflexión genial sobre el “entrar” en una obra de arquitectura.

Creemos que el viaje es un pilar fundamental en el desarrollo profesional e intelectual del arquitecto, y visitas o experiencias tan especiales como ésta siempre nos recuerdan que estamos en lo cierto.